He ahí la cuestión, brother

Por Miguel Ángel Castiñeira 
Tomado de Blog de notas

Deadpool 2 es una película tan entretenida, que se torna monótona; tan impredecible, que cualquier espectador podría imaginar lo que va a suceder en la escena siguiente; tan sanguinaria, que da cuenta de una insensibilidad escalofriante como característica de una generación de aficionados a las cintas de superhéroes que se cansaron de la misma fórmula. Y, cuando las personas se cansan del tradicionalismo, suelen surgir estos adefesios cinematográficos, casi como surgen los adefesios políticos, cuando los electores no quieren saber nada del establishment.

Los espectadores de cintas como Deadpool 2 seguro no leerán estas palabras. Tal vez las observen, entiendan que al bloguero no le gustó el largometraje, y terminen por abandonar la lectura. «Qué arrogante», pensarán algunos. «Él se cree mejor que nadie, o más inteligente que nadie», alegarán otros. Sin embargo, debo aclarar, al bloguero sí le gustó, pero, desgraciadamente, no siempre es cuestión de gustos o disgustos.

Y tampoco es que vaya a disertar sobre fotografía, edición, actuación… No puedo, sencillamente. Además, solo un especialista tendría la posibilidad de atacar, desde un punto de vista técnico, cualquier película norteamericana. Y no la critico, válida la aclaración, por ser del país de las barras y las estrellas. Es el cine que nos ha criado. Sí, nos ha criado. Por suerte o por desgracia.

Considero que a Deadpool 2 su estilo satírico le resta seriedad. Algunos efectos especiales no parecen obra de un equipo de la NASA ni nada parecido. Si no hubieran empleado la cámara lenta, tal vez el film se les hubiera quedado en veinte minutos de duración; pero es lo bastante decorosa como para tenerla en cuenta para una futura nominación a los Oscar como «Mejor película popular», categoría que añadirá este año la academia según aseguró The New York Times, con el objetivo de aumentar audiencias en la emisión de la noche de gala.

Una vez dicho lo anterior, debo añadir que, para quien no la haya visto, Deadpool 2 se trata de un ex soldado, Wade Wilson, que se regenera (a lo Wolverine) y corta con sus catanas cuanto ser vivo se le interponga. Tiene ciertas actitudes moralmente decorosas, aunque se aleja de la impecabilidad arquetípica del héroe americano. Es gracioso, ocurrente. Habla a la cámara de vez en cuando. No lo confiesa, pero le va esto del sadomasoquismo, lo cual se refleja en su manera de combatir: prefiere recibir un golpe a esquivarlo. Cae bien. No sé si por su tendencia al auto flagelo. Cada tres palabras que dice, cuatro hacen referencia a un elemento de la cultura de masas. La maldita intertextualidad postmodernista, brother.

El ritmo es generalmente frenético, salvo las escenas del inicio, cuando la tragedia se desencadena para el personaje interpretado por Ryan Reynolds. Luego… ¡Pin! ¡Pam! ¡Poom! Hasta que salen los créditos. Demasiada información, sangre, planos, muertes, bromas, para un material que dura algo más de cien minutos. Resulta  una experiencia casi perturbadora. Sin moraleja ni nada por el estilo. Pero entretiene, brother, entretiene. Deadpool2 es una película entretenida.

Parece un reto a la tolerancia, como cualquier comedia moderna. Los chistes más frecuentes abordan la homosexualidad, el racismo, la xenofobia. No de manera agresiva. Aunque hay un personaje ruso, Coloso, al que uno de los villanos ofende con la frase commie motherf**er  (malparido comunista). Lo que da a entender que no todo entra en el rango de lo permisible. En una toma, Coloso y el protagonista se abrazan. Este último le pone una mano en el trasero al mutante ex soviético. La cámara hace un zoom out.

En el borde superior izquierdo de la pantalla, en la pared de una escalera visible al fondo, cuelga un cuadro de Karl Marx. ¿Moda? ¿Propaganda silenciosa? ¿En contra? ¿A favor? ¿Por qué Marx y un ruso commie al que un americano le toca una nalga aparecen en la misma toma?

Todas las producciones cinematográficas ponen a pensar, incluso una tan entretenida como Deadpool 2. Pero, ¿en qué nos ponen a pensar? He ahí la cuestión, brother, la cuestión.

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Blog de estudiantes de Periodismo. “Odio la pluma que no vale para clavar la verdad en los corazones y sirve para que los hombres defiendan lo contrario de lo que les manda la verdadera conciencia, que está en el honor, y nunca fuera de él”. José Martí

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