Por Haylem Barroso Lamela
Cuando le vi por primera vez, hace ya cuatro años, no pude imaginar que detrás de esa peculiar personalidad, estaría el protagonista principal de uno de los diálogos más interesantes que he sostenido con alguien. Me atrevería a decir que no existe límite alguno de conversación para este señor, aun así en sus ojos se puede ver la humildad de una persona que piensa en los demás por encima de sí mismo. Teobaldo me mira y me dice: «yo hablo demasiado», sonríe, y mientras tomamos una taza de café, continúa la agradable conversación que sostuvimos durante casi dos horas. Porque hablar con un sacerdote como él, se podría considerar más que un gusto, una gran experiencia.
Usted se hizo sacerdote en Francia. ¿Cómo llega a Cuba?
«Recibí la Ordenación Sacerdotal en Blois, en 2011 como diácono y en 2012 como sacerdote. Un hermano nuestro al servicio de la Santa Sede era parte del equipo diplomático del Vaticano en La Habana. Él conoció al señor Arturo González Amador, obispo de Santa Clara, quien buscaba sacerdotes para su diócesis y preguntó si enviarían algunos hacia Cuba. Fue para mi Comunidad la primera misión, la primera vez».
¿Le impactó saber que lo enviarían a Cuba?
«No, yo lo quería. Durante mi formación dejé el Seminario un tiempo, trabajé en una escuela de Comercio y me fui a la India un año para vivir una vida de servicio junto a los pobres; allí comprobé que era mi vocación ser sacerdote y volví al Seminario. No fue sorpresa cuando me enviaron a Cuba, para mí era un deseo».
Si dijera a los lectores que este entrevistado fue DJ y profesor de baile, no me creerían.
«Eso lo digo a menudo para llamar la atención a los jóvenes. No fue mi profesión. Fui DJ con un amigo en un tiempo corto, lo hacía para ganar dinero. Y después fui profe de baile porque a mí me encantaba bailar. Es común en el extranjero que los estudiantes tengan un trabajo para poder pagar sus estudios. No fui diplomado, solo era una afición. Lo digo porque llama la atención. La gente piensa que un sacerdote es un hombre que nació en agua bendita y nunca tuvo una vida normal».
¿Qué es lo que más extraña de Francia?
«La comida. (Sonríe). Aunque la comida cubana es muy buena, no me puedo quejar. Realmente cuando estoy aquí no extraño nada. Cuando regreso a Francia una vez al año a ver a mi familia, a mis amigos; me doy cuenta de todo lo que tenía antes y a lo que renuncié voluntariamente. Hoy en día puedo decir que mi vida está en Cuba, no en Francia; yo soy francés pero también soy cubano de corazón».
¿Qué hace enfadar al Padre Teobaldo?
«La falta de compromiso. Esta es una enfermedad de la sociedad cubana, según mi humilde diagnóstico de médico del alma. Me enoja porque es una falta de respeto por los que se entregan y hace que uno no pueda contar con los demás. Vincularía la falta de compromiso con la ley de la excusa; siempre hay una para justificarse de no quedarse comprometido y eso lo veo fácil y muy triste».
Aun así siendo sacerdote, imagino que tenga usted sentimientos tan humanos como cualquier otra persona.
«¡Claro! Soy un hombre. Cuando el sacerdote se enfada o hace un error, la gente se da cuenta de que es una persona normal. Pero al nivel de los sentimientos somos seres humanos y tenemos los mismos deseos de vivir una vida, de tener amigos. Aunque siempre tendrá un color especial por el hecho de que soy sacerdote y nunca podré estar en descanso interiormente. Hasta con mis amigos no dejo de ser sacerdote. Yo respiro, pienso y vivo como un sacerdote. Hay cosas que para otros no serán pecado y que para mí lo serán, porque no pegan con mi vida sacerdotal. Debemos renunciar a una serie de cosas que como tal en sí son legítimas, por ejemplo, renunciar a una esposa, a los hijos; pero esas son más conocidas, hay muchas otras que hacen nuestra vida muy particular».

¿Ha sentido alguna vez la necesidad de tener una vida normal como los demás?
«La necesidad la podemos sentir porque somos seres humanos. Nuestra naturaleza nos recuerda que hemos sacrificado algo, entonces la herida se queda aquí. Significa que podemos recordar en nuestra carne. Cuando me acuesto solo, cada noche, recuerdo que he dado mi vida al Señor y de manera muy práctica. Esta soledad la he elegido aunque no significa que de vez en cuando no duela. Pero tengo esta la alegría del don de sí mismo, de saber que hago lo que Dios quiere y lo que me hace feliz. Esta vida es como el parto de una mujer, que hay dolor pero está muy vinculado con la alegría. Es un sacrificio vivido en la carne. En muchos aspectos debemos aceptar ciertos sufrimientos, pero son consentidos por amor. De la misma manera que Jesús se ofreció en la cruz».
¿Sabía el Padre Teobaldo que algunas personas lo consideran atractivo físicamente?
«Si es solo eso, es muy triste porque se quedaron en lo exterior. Me he dado cuenta, sí, porque hay personas que no son muy reservadas, cosa que no pasa mucho en Francia. Aquí la persona te lo dice, a veces con un poco de falta de respeto, con un poco de juego. Eso puede ser una cruz para un sacerdote porque justamente nosotros estamos aquí para llegar a Jesús y cuando hay cosas en nosotros que son superficiales, paran, e impiden llegar más allá. Es gracioso y no hace falta prestar mucha atención a eso, pero no habría nada peor que definir a un hombre que es sacerdote como una persona plástica».
En nuestra sociedad algunos piensan que los sacerdotes se cohíben de muchas cosas y que por ello no pueden ser felices. ¿Qué le diría usted a esas personas?
«Les diría dejen de mirar novelas, porque eso sí es una basura terrible. Novelas brasileñas, argentinas y toda esta cosa que los cubanos se comen por decenas; y dañan el alma. En estas novelas siempre hay un cura que tiene su mujer escondida, o un apego al dinero. Yo les diría que vayan y conozcan a los sacerdotes, que pasen de la teoría a la realidad. Es cierto que hay sacerdotes tristes y que esta vida es dura pero es una vida muy linda que nunca será aburrida»
Mucha gente piensa que la religión no es más que un método…
«La gente lo dice, como cuando dicen que los sacerdotes son aburridos y tristes. Yo les diría que vengan a ver. Quien dice método, dice ideología pensada con un metodólogo detrás que ha pensado la cosa. Ellos se refieren al hombre como creador de la religión y a esta como trastorno psicológico. El marxismo profesa eso. Cuando Marx habla de la religión, dice que es una manera de huir de las realidades concretas y que será un freno a la capacidad del pueblo de tomar conciencia de su clase, y la necesidad de la revolución. Karl Marx nació de un padre judío convertido al cristianismo protestante, conoció la fe, y se orientó a ideologías ateas. Esto nos dice que no solo el desconocimiento de la creencia religiosa lleva a pensar que es un método, sino que muchas personas sí la conocen y se inclinan a estas ideologías. Para nosotros no puede ser un método en el sentido de que es revelada por Dios. Según mi experiencia lo que puedo decir es que la Iglesia no es un método, es una realidad».
¿Todavía hay alguna confesión que le sorprenda?
«Siempre una confesión impresiona. El sacerdote es muy chiquito entre Dios y el penitente. Impresiona porque es la confianza que Dios me da de poder perdonar en su nombre los pecados; y es la confianza que el penitente me da de decirme estos que ha cometido. El pecado no impresiona, sino que disgusta porque nos daña. Lo que impresiona es la persona que tiene la humildad de reconocer que necesita el perdón de Dios y se atreve a abrir su corazón a él por medio del sacerdote».
¿Se siente Teobaldo satisfecho con quien es hoy?
«Estoy feliz, más que satisfecho porque no estoy orgulloso de cuando caí. Todo no es perfecto en mi vida y tengo que mejorar muchas cosas. Satisfechos nunca podremos estar, pero felices sí. La verdadera pregunta es: ¿está Dios satisfecho de mí?»
¿Cómo quisiera Teobaldo que alguien le recuerde?
«Que recuerden a Jesús es más importante. Si yo puedo hacer que la gente haya conocido a Jesús, claro que es más importante. Pero para responderle su pregunta, le diría que me recuerden como alguien que les haya amado; porque si es así no habré vivido mi vida por gusto».





Dejar una contestacion