Osvaldo Rojas es tan sencillo como la palabra misma. La casona donde vive enseña en los rincones la poca compasión que el tiempo le ha mostrado; en ella pasa sus días, trabajando entre datos infinitos de jonrones y ponches.
Confiesa que no le gusta salir a la calle y que limita sus pocas escapadas a la respuesta de algún pregón ambulante, prefiere la comodidad de sus desgastadas cuatro paredes, rodeado de montículos de libros y periódicos con fechas remotas.
En la sala, entre sus pilas, lo mismo aparece un diccionario de música que un manual de técnica beisbolera. Mientras en cualquier esquina asoma un viejo vinilo de Los Beatles o de Van Van. A la espera, según él, del tocadiscos salvador que los eche a andar, sacándolo con la primera nota del encierro de su casa y de sus adoradas estadísticas.
En nuestra conversación ha surgido varias veces una palabra: música. ¿Es otra pasión?
«La música fue mi primer amor. Me gusta tanto como la pelota y no sabría decir cuál disfruto más. La pasión vino de mi hermano que como ya te dije guardaba muchas cosas de música y de cine. Aún conservo las libretas donde anotaba cada película que veía y cada canción que oía.
«La música me lleva al recuerdo de la época y del hecho. La era está pariendo un corazón me recuerda al Che y Sugar me recuerda a José Antonio Huelga y la Serie de los Diez Millones. Siempre que tengo la oportunidad de escribir de música lo hago con sumo placer, haciendo uso del mismo tipo de anécdotas y datos interesantes que empleo en el deporte.
«He hecho trabajos de Alí Primera y de Janis Joplin cuando no se conocían en Cuba. Incluso llegué a sustituir a Pedro de la Hoz en la sección cultural que tenía en el periódico en algunas ocasiones».
¿Qué tipo de música prefiere?
«Me gustan la Nueva Trova, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, la trova tradicional, los Beatles… Te puedo decir que soy un verdadero beatlemaniaco. Una anécdota; en 1977 me seleccionaron ejemplar para el carné de la UJC. Recuerdo que el 15 de marzo era la entrega masiva y fui uno de los pocos que no lo recibieron.
«Me tildaron de capitalista por escuchar a los Beatles, la música extranjera y oír todas las semanas las listas internacionales de éxitos que luego anotaba y todavía conservo.
«Me acusaron de diversionismo ideológico, por lo que hice una apelación ante el Primer Secretario de la UJC del municipio de Manicaragua, donde quedaba mi escuela en el campo. Le llevé unas fotos de John Lennon y Yoko Ono protestando contra la Guerra de Vietnam, las letras de Give Peace a Chance, Power to the People, Imagine… Le dije ‹mire estas imágenes, mire las letras de estas canciones y dígame que esto es capitalismo subversivo›. Al final parece que lo convencí porque terminé ingresando en la UJC.
«En mi mente siempre quedará el 8 de diciembre del 2000. Se inaugura la estatua de John Lennon en La Habana con la presencia de Fidel, quien le dice a la efigie de piedra del cantante: ‹Lamento no haberte conocido antes›. Creo que eso resume lo que pasó en aquella época con los Beatles.
«La historia se va perdiendo, los jóvenes deben saber que existieron los Beatles porque en su momento revolucionaron la música, trajeron cosas nuevas y las letras de sus canciones son increíbles.
«Además de ‹los cuatro de Liverpool› me gusta el buen rock, The Rolling Stones, Kansas, Queen, todos esos grandes. Las canciones siempre me han llevado a un lugar especial».

¿Con qué figuras de la música se ha relacionado?
«Tengo una gran afinidad con Cándido Fabré; incluso lo llevé a Báez a jugar pelota una vez que se encontraba en la provincia. Organicé un juego entre él y algunas estrellas veteranas. Le dio tres hits a Isidro Pérez: hubiera sido tremendo torpedero.
«También pude llamar amigo al difunto Mario Daly, que tanto hizo por el rock en Cuba. He compartido con otros como Edesio Alejandro y Augusto Enrique. Seguí mucho al grupo Moncada. Tuve la oportunidad de entrevistar a Sonia Silvestre. Le hice una de las últimas entrevistas a Polo Montañez en abril del 2002. Incluso llegué a entrevistar a Tito Gómez».
¿Músico o deportista?
«Músico. Tuve esas dos frustraciones. No pude ser ni lo uno ni lo otro pero me hubiera encantado ser un gran músico aunque muchas personas se sorprenderían con eso. Al final disfruto escuchando lo que hicieron otros».
¿Siente que ha recibido todo el reconocimiento que merece?
«No sé si merezca reconocimiento alguno –eso quedará para que otros lo decidan- pero sí una mayor preocupación por parte de las personas y de algunos directivos. He sido maltratado en varios lugares y mi vida no es fácil ni tiene las mejores condiciones.
«Pasé muchas noches durmiendo en la emisora sin un bocado para comer, pasé años viajando a Báez y todo lo hice por mi pasión por el deporte cubano y por mi dedicación al periodismo de esta provincia.
«Me considero afortunado no por las cosas materiales que tengo –o que no tengo. Soy de los que todavía le dan gran importancia a la parte espiritual.
«Siempre he sentido el cariño de los atletas. Regla Torres me dio una entrevista el día de su cumpleaños. Ana Fidelia Quirot no se quiso ir de Villa Clara sin darme una entrevista que me había prometido. Víctor Mesa –el criticado y vilipendiado- me regaló mi primera computadora en 2006. Oscar Machado siempre que me ve me abraza y me da un beso, porque lo siente. Yo los veo y siento que me quieren.
«He conocido a grandes figuras: Anatoli Karpov, César Luis Menotti, Sonia Silvestri, todos los grandes peloteros de Cuba, Mike Cuéllar… La lista es interminable.
«Al final no he pasado ignorado. He sentido el reconocimiento de los atletas y de la mayoría de mis colegas. Tengo una familia espectacular. Tuve unos padres como ningunos. Tuve un hermano que lo fue todo para mí. Pasé trabajo en todo pero nunca me pudieron derrotar».

Si le pido que haga un relato interesante sobre Osvaldo Rojas…
«Cuando Gerardo Hernández todavía estaba preso, obtuvo el libro Casos y cosas de la pelota. Un día, leyendo el periódico, veo una entrevista donde Gerardo dice: ‹A mis manos llegó el libro Casos y cosas de la pelota, de Osvaldo Rojas Garay. Rojas Garay hizo un gran trabajo, aprendí mucho y después se lo presté a mis compañeros›. Me aprendí la cita de memoria y es una de las cosas que guardo hoy con mucho cariño».




Dejar una contestacion