Relinchando por sus derechos

Por Carlos Daniel Quiroga

La ciudad amaneció paralizada. El transporte no vive su mejor momento. En las piqueras resulta imposible encontrar un solo carretón porque los caballos están en huelga.

Una marcha de equinos se abre paso por las calles. Llevan pancartas y piden reformas para su deplorable estilo de vida. Mientras avanzan, van relinchando consignas y lemas.

El Sindicato de Equinos del Transporte (SET), desbordado de inconformidad, se ha lanzado a protestar. No piensan trasladar a nada ni a nadie hasta que sus dueños y demás seres humanos tomen conciencia acerca del maltrato al que son sometidos los caballos.

A propósito del suceso, Equinacio Pérez, secretario general del SET y organizador principal de la huelga de caballos (disculpen…de caballos y yeguas, no sea que me acusen de caballista) afirma:

Equinacio: Nos manifestamos porque los niveles de insatisfacción son cada vez más altos. Hemos elevado nuestras propuestas y aun no se toman medidas.

Periodista: ¿Qué mejoras piden?

Equinacio: La primera demanda consiste en la eliminación de métodos violentos. Oiga, usted no sabe lo que duele la fusta cuando cae impávida sobre el lomo. Si desean que vayamos más rápido pudieran utilizar palabras de ánimo en vez de golpearnos. «Adelante, corcel» o «Anda rauda, yegua» son alternativas viables.

También exigimos la implementación de una jornada laboral de ocho horas, derecho a vacaciones y una regulación que limite la cantidad máxima de kilogramos a llevar por carretón. El otro día monté a una señora muy obesa junto a sus seis hijos… ¡Y casi no lo cuento!

Periodista: ¿Qué piensan sus dueños acerca de los reclamos?

Equinacio: Eso es lo peor de todo, se hacen los sordos, nos ignoran. Creen que con un poco de miel de purga y pienso nos harán estar más tranquilos, pero somos caballos, no guanajos, vaya… sin ser racista.

Sin embargo, algunos de estos nobles animales no se muestran tan en desacuerdo con su rutina diaria. Rocinante González fue de los pocos caballos que no participó en la protesta.

Rocinante: Creo que los del sindicato se pasan de extremistas. Mi dueño me cambia las herraduras con bastante frecuencia y a cada rato me lleva al río más cercano para darme un refrescante baño.

Periodista: Pero… ¿Y los golpes?

Rocinante: ¡Qué va! Eso es una exageración de los sindicalistas. La fusta no pica ná y yo no veo a los azotes cómo actos de violencia sino como una amistosa y alentadora palmadita. Si me preguntas, los del SET están recios en su punto de vista ¡Es como si tuvieran orejeras!

Pero los équidos no están solos. Otras voces se unen a la causa de aquellos que mueven los coches.

Equinacio: El apoyo de otros seres humanos ha sido vital en nuestra lucha. Qué bien le sienta a uno que algún peatón le grite ¡Abusador! a un cochero después de que este te propine un cujazo. Se me hacen agua los ojos al recordarlo.

Nuestra lucha ha sido una por el reconocimiento. Los caballos siempre hemos estado bajo la montura del hombre, en armonía. Tal vez no seamos tan valerosos como Palmiche, intrépidos como Tornado o indomables como Spirit, pero al igual que ellos, somos corceles y lo seguiremos siendo, orgullosos, hasta que se nos caigan las crines.

El sol se oculta tras el horizonte y ahí van los equinos, galopando por sus derechos. Marchan seguros de que, en un futuro, con nuestro ayuda, podrán cabalgar sabiéndose caballos respetados.

Son bravos estos animales y por eso no sorprende que, entre la multitud de personas atentas a la manifestación, se escuche la voz de un ser humano diciendo: ¡Ahí si hay! ¡De verdad que son los caballos!

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Blog de estudiantes de Periodismo. “Odio la pluma que no vale para clavar la verdad en los corazones y sirve para que los hombres defiendan lo contrario de lo que les manda la verdadera conciencia, que está en el honor, y nunca fuera de él”. José Martí

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