«El fútbol cubano está encapotado», me atrevería a decir parafraseando el inicio de un conocido trabalenguas. No lo hago por gusto. La situación del balompié nacional traba más de una lengua y crispa las emociones de múltiples aficionados. Para constatarlo basta tan solo intentar descifrar los intricados marasmos de insatisfacción, malas decisiones e inacción que lo caracterizan.
Liga Nacional de Desastres
La última edición de la Liga Nacional de Fútbol transcurrió con más penas que glorias como de costumbre, celebrando sus partidos decisivos en medio de la mismísima Copa Mundial Rusia 2018, cuando todos los reflectores apuntaban a la nación euroasiática. Pocos son los que en el país se interesan seriamente en el fútbol doméstico y parece, con decisiones como estas, que los federativos del deporte desean mantenerlo así.
Los cubanos no siguen el balompié de casa por varias razones, una de ellas es la baja calidad, pero también la falta de seriedad en la organización y conformación del campeonato. Y en falta de seriedad el año pasado se superó a sí mismo.
A las malas condiciones de los terrenos y a los problemas en el hospedaje de los atletas se le sumó en el ciclo anterior un sistema de competencia incompatible con el sentido común. Partidos cada dos o tres días para luego pasar hasta un mes sin jugar es quizás uno de los calendarios más antifutbolísticos del mundo.
Otros problemas son de más difícil solución pero este nos lo creamos nosotros mismos. Solo hay que pensar en las lesiones a las que expusieron a los atletas con tan poco tiempo de descanso para darse cuenta del disparate y por ello el malestar no se hizo esperar entre jugadores y entrenadores.
Los problemas siguen. Los equipos provinciales presentan año tras año una pobre imagen con una indumentaria horrible y carente de la seña de identidad que representa tener un escudo propio en la chamarreta.
Además, estadios en los que hay que ser adivino para averiguar dónde caerá el balón tras un bote, dónde los defensas tienen miedo de hacer una barrida o los porteros de efectuar una estirada por los aires de la que puedan caer mal, son realidades nada compatibles con una liga seria.
Al final todo contribuye a un pobre espectáculo que aunque necesita ser divulgado y transmitido por televisión, la verdad no lo merece. Primero hay que organizar un torneo decoroso y luego pensar en su difusión en los medios como requisito primordial para atraer a los aficionados.
Resulta imposible lograr un desarrollo en ningún deporte colectivo sin su base; nuestra liga afronta una y otra vez las mismas dificultades y eso no lo arreglarán ni cien contratos de futbolistas en el exterior. Puede que sea el momento de decidir si queremos ahorrar combustible y recursos o desarrollar nuestro fútbol.
Atrás quedaron los años donde Cuba participó en torneos continentales de clubes; lo hizo Pinar del Río en 1989 y 1990, ambas veces resultando subcampeón de la Liga de Campeones de la CONCACAF. Una vez más hay que mirar al pasado para vislumbrar lo que debería ser el futuro.
Por qué no adecuar el errático y variable calendario a los estándares internacionales para llevar a nuestros clubes campeones a torneos CONCACAF o de la Asociación de Fútbol del Caribe (CFU). La afición cubana de seguro agradecería una participación internacional.
Cuba en el Mundial ¿de 2088?
Las selecciones nacionales ameritan otra mirada profunda. En las categorías inferiores, a pesar del talento, falta el trabajo constante. Generaciones como la que asistió al Mundial sub-20 de 2013 parecen ser solo un oasis en el desierto de los malos resultados.
Mientras, el equipo de mayores adolece de problemas arrastrados del campeonato nacional: la dificultad de jugar en las condiciones de nuestros campos, las temporadas inconsistentes y la deficiente preparación. Si observamos los resultados en la arena internacional la crisis es profunda, Cuba no clasificó ni siquiera a los Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Además resulta preocupante la lentitud de la Asociación de Fútbol de Cuba (AFC) en gestionarles contratos en el exterior a nuestros futbolistas. Debido a ello, muchos son los talentos que se pierden o no son bien desarrollados.
Otra arista de la situación la presentan aquellos jugadores que ya compiten fuera de nuestras fronteras. Hablamos de un grupo de deportistas que nunca abandonó una selección nacional ni nuestro país, solamente emigraron legalmente o consiguieron por su cuenta los contratos que la AFC no pudo.
Guillermo Bárcena (CF Gavá), Carlos Vázquez (Atlético de Madrid Juvenil A), Christian Joel Suárez (Sporting de Gijón) y Onel Hernández (Norwich City FC), entre otros, han expresado su deseo de jugar por Cuba a la vez que persiguen sus sueños en el fútbol europeo. ¿Por qué no darles la oportunidad de defender los colores patrios? Sobre este tema la AFC ha hablado pero no hay nada concreto todavía, la indecisión nos mata.
Entre tantos problemas una nota positiva es la recuperación de las fechas FIFA. Lo normal venía siendo que mientras todas las selecciones del mundo chocaban, nuestros jugadores se quedaran en casa viendo algún Argentina-Brasil. Los recientes encuentros con Nicaragua, Guatemala y Bermudas fueron un avance, aunque de los seis partidos la selección criolla solo venciera en uno.
Con estos antecedentes, el combinado tricolor inició su andadura por la Liga de Naciones de la CONCACAF este 8 de septiembre con goleada histórica de 11 a 0 frente a Islas Turcas y Caicos, selección al que el apelativo discreta le queda corto y que no resulta medidor alguno del nivel cubano.
Los siguientes encuentros de la Mayor de las Antillas irán escalando en exigencia cuando enfrente a Granada, República Dominicana y Haití. Esperemos que la andanada de goles del pasado sábado no sea solo un espejismo y Cuba logre un buen desempeño en las clasificatorias para la próxima Copa de Oro y la Copa Mundial Catar 2022, aunque por ahora ambas metas parezcan bien difíciles.
Muchos de estos problemas pasan por carencias económicas que afectan a todo el movimiento deportivo. Otros, solo requieren para ser resueltos de la voluntad, iniciativa y deseos de mejorar que en estos momentos brillan por su ausencia.
No se puede negar al fútbol como deporte movilizador de pasiones en nuestro país. Si se ha ganado un lugar de privilegio en las preferencias del aficionado cubano merece un esfuerzo por parte de todas las instancias para lograr el más universal que deseamos.
Ojalá aparezca pronto el que desencapote nuestro fútbol.





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