Por un beso, la vida

Imagen tomada de Internet

La vi llorar. Vi sus manos pequeñas y arrugadas temblar, su cuerpo frágil y menudo a poco tiempo de desfallecer, y de sus ojos como del cielo, vi brotar infinidad de lágrimas.

Sesenta años de matrimonio no es poco tiempo y menos si se ha vivido con amor y entrega como lo había hecho ella. Verlo enfermar, luego ingresar por días interminables en un hospital al cual no podía ir ni siquiera a cuidarlo.  Y, por último, escuchar el timbre del teléfono y la voz llorosa de uno de sus hijos tratando de explicar lo inexplicable.

¿Cómo podría aguantar aquel pequeño cuerpo tanto dolor? Aún no lo sé, lo cierto es que una fuerza le llegó desde dentro y la impulsó:

«Quiero que me lleven al hospital. Quiero darle un beso».

Su hijo dudó, la vio frágil, la vio débil, pero vio a su madre, sufriendo porque perdió a su compañero de toda una vida. Parece fácil, pero no lo es. Lo besó, sí, con tanto amor como la primera vez y luego entre lágrimas, lo dejó, lo dejó para que descansara en paz. Con las últimas fuerzas que le quedaban, y aún bañada en lágrimas, estuvo a su lado hasta el último momento, cuando bajaron su cuerpo en el ataúd y lo dejaron en la tierra.

No era alguien cercano para mí, es cierto, pero el dolor ajeno siempre me ha conmovido más que el propio. El amor verdadero cuando nace no muere nunca más, ni la muerte consigue destruirlo. Eso lo aprendí aquella mañana cuando por primera vez vi cómo sesenta años de matrimonio, sesenta años de amor, pasaban a la eternidad como prueba de que precisamente el amor, es el más eterno de los sentimientos.

Sobre Chábeli Rodríguez García 2 Artículos
Estudiante de primer año de Periodismo en la Universidad Central “Marta Abreu" de Las Villas

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