Por una sonrisa, un cielo

Según los expertos, no se logra definir la edad mental máxima que alcanzan las personas con síndrome de Down.

Fotos: Betsabé Torres Marrero

Hay que ver cómo sonríen los niños de la escuela especial  “Frank País García” para saber cómo lo hacen los ángeles. No puedes encontrar un vestigio de falsedad en ellos, el  brillo de sus ojos nunca lo permitiría. Tal vez porque conocen algún secreto que nosotros no, tal  vez ellos ven la vida con otros ojos, ojos de inocencia y verdad. Lo cierto es que cada uno de los 168 que allí estudian pueden ser protagonistas de mi historia, aunque entre todos, Fernanda García Abalo es mi preferida.

Diagnosticada como síndrome de Down (SD) desde el vientre de su madre, vive una infancia como cualquier niña de su edad. En cuanto despierta la mañana, su abuela Idanis es una maga, que con hechizos de amor prepara el desayuno y juega con el tiempo para que su nieta llegue a tiempo a la escuela. Yo lo sé bien, porque he sido testigo de la escena matutina, que termina con las tres, calle arriba, rumbo al pequeño colegio.

Desde su fundación la escuela Frank País fue concebida como un centro de enseñanza especial

Recibida por la sonrisa habitual de Tamara Brito Morera, su directora, esta joven reportera descubre a cada paso la belleza de un lugar donde se logran aunar el ambiente educativo y familiar. Tamara asegura que “la coordinación con la familia es el medio de alcanzar un objetivo común; el crecimiento de cada uno de ellos”. Algo que puedo comprobar cada vez que veo a Fernanda crecer junto a su abuela, abrirse paso por la vida gracias a la oportunidad que le brinda nuestro país y a la dedicación de sus familiares.

Hace menos de una década estas personas eran discriminadas, apartadas, incluso representaban una vergüenza para sus progenitores; quienes ahogados en un sentimiento de culpa los alejaban de cualquier contacto con la sociedad. Hoy en día potenciar sus capacidades, y romper con los planteamientos prejuiciosos que históricamente les han perseguido, son compromisos sociales ineludibles que todos debemos atender.

Fernanda será líder deportiva en las olimpíadas especiales

A pesar del esfuerzo que aún queda pendiente, países como Cuba han demostrado  cómo un entorno basado en la aceptación social, y en virtud de la diversidad; permiten a las personas con necesidades cognitivas la autonomía suficiente como para trabajar, vivir en pareja o desarrollar habilidades artísticas y deportivas antes inconcebibles. Las escuelas especiales son el centro más capacitado para su cuidado, ocupándose no solo de sus necesidades básicas; al alcanzar sus estudiantes las edades aproximadas de trece o catorce años  son preparados en el aprendizaje de un oficio que permitirá luego su inserción en la vida social.

Los valores de la familia, el amor y los parámetros sociales de comportamiento son los encargados de que todos tengan oportunidades  en la vida, sean capaces de dominar su conducta, expresar sus sentimientos, ser independientes y autónomos. Así que, desde nuestra responsabilidad como seres humanos, ayudemos a niños como Fernanda a sentir que viven en una sociedad que los incluye y se preocupa por ellos. Tal vez  seamos capaces entonces de sonreír como ellos lo hacen, de tener más alma y menos prejuicios.

Sobre Betsabé Torres Marrero 4 Artículos
Estudiante de segundo año de periodismo de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas. "Amo el periodismo por esto. Temo al periodismo por esto. ¿Qué otro oficio permite a uno vivir la historia en el instante mismo de su devenir y también ser un testimonio directo?" (Oriana Fallaci)

1 Comentario

  1. muy buen articulo señorita Marrero, he ido viendo su trabajo y creo q esta bastante bien, aunq aun puede mejorar un poco, le recomiendo un buen tema y es el de una critica a la cartelera q aparece en la cajita, como un trabajo tan facil puede ser tan mal realizado, saludos

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