Pedro Juan Gutiérrez, incesante escritor del realismo sucio. Foto: Tomada del blog del autor.
Por Darline Shenandra Carbó Díaz.
Son muchos los autores que han incursionado en la mal llamada nueva corriente, pero pocos han sabido llevarla de la mano de una generación deslumbrada por sus modos. El realismo sucio se hizo notorio a mediados y finales del pasado siglo y, aún continúa siendo uno de los movimientos literarios más leídos por selectos apasionados de la obscenidad. Grandes referentes del movimiento constituyen O. Henry, Raymond Carver, Pablo Palacio, el maestro Charles Bukowski y el alabado cubano Pedro Juan Gutiérrez.
Antes de saltar a la fama, este matancero común, hoy renombrado escritor y conocido por multitudes, galardonado con varios premios importantes dentro y fuera del país, ejerció el periodismo durante 26 años. Este oficio contribuyó a que recorriera el mundo, o por lo menos parte de él y estableciera sus profundas reflexiones de comparación en cuanto al diferente y bien marcado estilo de vida. Se hizo conocer con su Trilogía sucia de La Habana (1998), saga que completaría con El Rey de La Habana (1999), Animal tropical (2000), El insaciable hombre araña (2002) y Carne de perro (2003) para concebir así su Ciclo de Centro Habana.
El nido de la serpiente, emerge como memorias de la juventud de su casi eterno personaje del Ciclo de Centro Habana, Pedro Juan. Se muestra como un ser vulgar que roza con lo despreciable y generalmente lleva una vida convencional. La falta de actividad en el personaje contrasta con sus manías de superación —le gustaba leer en bibliotecas públicas, las que de hecho consideraba el mejor lugar del mundo-. En esta misma edición se logra comprender el inicio de la maduración del personaje, la cual continuará forjándose a lo largo de los citados libros.
Pedro Juan Gutiérrez asume magistralmente la creación del libro y desarrolla un contexto dificultoso para el personaje en las décadas de los años 60 y 70. En esta situación, Pedro Juan apenas cumplía sus quince años y junto a ello descubría los placeres prohibidos, casi siempre con putas, casi siempre con mujeres que le triplicaban la edad.
Se vio inmiscuido en la sexualidad como todo ese proceso complejo y desbordante por el cual pasa cualquier adolescente que se les ha salido de las manos a sus padres. Llega a resultar inquietante el modo en que la descubre y se adueña de ella. Las decisiones que toma para avanzar lo conducen en una intensa búsqueda de placer.
Pedro Juan se contrapone así mismo todo el tiempo, porque a pesar de que reconoce que debería estudiar y forjarse un futuro —poseyendo cualidades apreciables para este fin– elige todo el tiempo las maneras fáciles.
Durante el desarrollo de la trama le suceden espinosas escenas del acontecer político nacional. Debe asistir al Servicio Militar Obligatorio, a la zafra como cortador de caña, descubre la existencia de lasUnidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) y, por solo nadar a contracorriente, afianza una estrecha relación con la “cultura exterior”, dígase los denominados libros y autores prohibidos y la música de furia en el mundo menos en su país, a la par que experimenta con drogas, con alcohol, con alcohol y con drogas.
Todas estas situaciones lo llevan repetidas veces a la reflexión única del sentido de su vida y a seguir buscando donde definitivamente no es su lugar. Luego descubre que le gusta escribir, y se impone el reto de hacerlo, incluso en otro idioma. Al final abre sus ojos, pero sigue siendo facilista, característica que lo marcaría durante su vida posterior en los siguientes relatos.
El libro culmina con la frase: Born to be free, dejando a la imaginación del lector la necesidad de forjarse un criterio propio, la necesidad de ser libres de pensamiento. Aunque este razonamiento parezca un tanto inocente, no hay mayor arma que el conocimiento, única manera de ser totalmente libres, ya lo decía nuestro Martí.





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