La fiera humana

Fotos: Tomadas de Internet

El Artista me dio su cámara y con un ademán que expresaba agradecimiento y despedida, me fui a las calles.

El fotorreportaje sobre la comercialización de la imagen del Che iba bien: caminé, hice muchas tomas y verifiqué el poder que tiene decir, en cualquier lugar de este país, que se es estudiante de periodismo. Reí a solas un poco. Luego de caminados cerca de dos kilómetros y pasar por cuanta mesita tiene Trinidad en sus candongas, me senté, agotado, a revisar mis fotos. Entonces lo vi: harapiento y sucio. Quedé embobado. El niño me pasó por delante y yo lo seguí con la vista. Caminó por entre las camisas y los manteles bordados. Miró en derredor y una vez divisó su objetivo, se escondió, sin mayor disimulo posible, detrás de una vendedora, y esperó para elegir su presa.

Las gacelas miraban todo como si fuese la primera vez que veían. Señalaban todo y todo fotografiaban con sus cámaras. Lo que el grupo no sabía, era que iba derecho a las fauces del depredador. El guepardo atisbó para escoger. La primera posible elección fue una muchacha joven que se separó del grupo por unos instantes para preguntar sobre una colorida mochila con la imagen del Che. Desertó ante la tacañería de la joven. La próxima pareció ser un hombre que se detuvo a observar a un costumbrista. Cambió de opinión al ver que el señor no aportó ni un centavo. Y por fin se dirigió hacia una anciana que celebró con 5 CUC a un grupo sonero que toca a diario en las calles, en busca del aprecio y colaboración monetaria de los turistas y algún que otro cubano. El guepardo se lamió los labios y dejó ver sus amarillos colmillos. Salió de su escondite y caminó apurado directo a su víctima. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, corrió y se le lanzó encima, a su manera. El niño la haló fuerte por la larga saya y, con los ojos llenos de lágrimas, le dijo:

— Señora, ¿tú tienes un dólar que me des ahí?

Y la señora, un poco más conmovida que él, asomó de su cartera un billete de 20 CUC. El niño esperó a que la vieja le depositara el cobro del día en las manos y con el debido llanto, la abrazó y se fue corriendo. Pasó frente a mí y me mostró su billete descaradamente conseguido con una sonrisa burlona.

Y yo desconcertado, con la cámara y el alma sin baterías.

 

 

Sobre José Lázaro Peña Herrera 4 Artículos
Estudiante de primer año de Periodismo de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas

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