Apología a la música que nadie oye

Fotos: Tomadas de Internet

“¡Eso nadie lo oye!”, he escuchado decir varias veces a ciertos “eruditos musicales”. Con “eso” se refieren a cualquier género musical alternativo que, independientemente de sus diferencias estilísticas, queda catalogado por ellos como rock. 

Estos personajes son a menudo los mismos que se dedican a propagar sus gustos musicales mediante las muy usadas bocinas portátiles, verdaderos medios de contaminación sonora, que usualmente son puestas al servicio de la difusión de los últimos éxitos de Yomil, Bad Bunny, Arcángel, Ozuna o cualquiera que sea el reguetonero o trapero del momento. 

Es verdad que, a pesar de que este tipo de música goza de amplia popularidad, que los jóvenes lo escuchan, que “mueve” cada fiesta, se pudieran emborronar cuartillas hablando de la validez de sus líricas o la falta de calidad en sus melodías; pero no se trata de eso.

Recordemos que la música, ante todo, es un arte lúdico, hecho para el disfrute de quienes lo escuchan y, aunque la creación de un producto con estas características no lo exime de tener una calidad artística mínima, lo que oímos es nuestra elección. Mientras no se lo impongamos por la fuerza a otros, es nuestro derecho oír lo que queramos y como queramos.

El problema empieza cuando negamos que somos diversos, que no todos pensamos igual y que podemos tener gustos diferentes. El problema comienza cuando miramos extraño a alguien porque la música que oye no se ajusta a los patrones que hemos preconcebido. Nada bueno resulta de negar que hay un modo diferente de hacer música y que muchas personas lo cultivan y defienden.

En Cuba, la música alternativa existe y es nuestra música tanto como lo puede ser cualquier otra. Los encargados de cultivarla usualmente se ven aislados y privados de un verdadero apoyo. Esto lastra una y otra vez su desarrollo musical a pesar de que un público cada vez mayor se interesa por lo que puedan crear.

No toda la música alternativa es buena y no por ser diferente es necesariamente superior. Hay propuestas de alta calidad y otras de no tanta. Lo que resulta alarmante es la falta de espacios para la divulgación de este tipo de géneros en nuestro país.

El metal y el rock cubanos no son perfectos. La imitación, la falta de originalidad y la realización excesiva de covers a bandas extranjeras son algunas de sus más preocupantes carencias. Ojo, no es lo mismo la imitación de estilos que la adhesión a un género determinado o la inspiración que se pueda tomar de estos. Crear un sonido e identidad propios no es fácil; pero de eso se trata la creación musical: de que nuestra obra sea lo más genuina posible y lo más consecuente con nuestra visión. Si se logra un producto así, quizás podamos quedar satisfechos y el público lo agradezca.

Desde hace varios años, Santa Clara ha devenido punto de encuentro para nuevas formas de hacer y pensar la música. El Ciudad Metal 2017 ya está aquí y, aunque no es el único festival en el país con estas características, sí constituye una importante ventana para que las bandas muestren sus propuestas e interactúen con un público ávido de ver qué tienen para ofrecer, y que no cuenta con muchas oportunidades para disfrutar en vivo de la música de su preferencia.

Cinco días, empezando este martes 14, nos dirán si Ciudad Metal 2017 pasará con más penas que glorias o le dejará un buen sabor de boca a todos los que amamos esta música, que para algunos “nadie oye” pero que muchos disfrutan.

 

Sobre Samuel Ernesto Viamontes 14 Artículos
Santaclareño. Estudiante de segundo año de Periodismo en la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas

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